La tranquilidad dominaba el panorama; el presidente Salinas trataba de terminar el conflicto con los zapatistas en Chiapas mientras se encargaba de supervisar la implementación del Tratado de Libre Comercio recién inaugurado con nuestro vecino del norte. El miércoles 23 de marzo de 1994 era otro cansado día de campaña presidencial en México. Los principales partidos (PRI y PAN) luchaban por ganar la silla presidencial, a pesar de que el primero tenía casi asegurada su victoria. El candidato del Revolucionario Institucional era el joven economista Luis Donaldo Colosio. Sus rivales eran Diego Fernández de Cevallos por el PAN y Cuauhtémoc Cárdenas por el PRD.
En 1993 la elección del pre-candidato del PRI todavía era un evento de conmoción nacional. Durante exhaustos meses los principales periódicos del país cubrían cada uno de los movimientos de los principales allegados del presidente Salinas.
Se le denominaba coloquialmente “El tapado” al candidato elegido por el presidente para sucederlo y la pregunta obligada que circulaba por la mente de todos los mexicanos era: “¿quién será ‘El tapado’?” Entiéndase la importancia de conocer a semejante personaje; durante décadas el candidato del PRI era el ganador ¿indiscutible? de las elecciones presidenciales. Por ende, conocer al pre-candidato del partido oficial era conocer de antemano al próximo gobernante de la república. El presidente en turno decidía a su sucesor y el pueblo parecía simplemente ratificarlo dándole el “visto bueno”.
Tres principales nombres se manejaban para “El tapado” del 94’: Pedro Aspe (Hacienda), Manuel Camacho (Distrito Federal) y Luis Donaldo Colosio (Desarrollo Social). Finalmente, el 28 de noviembre de 1993, Salinas tomó una decisión y Colosio fue designado pre-candidato oficial del partido en el poder. Sin dejar tiempo a dudas, todos los contendientes cedieron ante el nuevo tlatoani mexicano, lo felicitaron y le mostraron su apoyo incondicional, todos menos uno: Manuel Camacho.
Camacho se negó a aceptar a Colosio pues él anhelaba con fervor la presidencia. En su mente juraba merecerla y creía sinceramente que Salinas se la debía. ¡Cuántos dolores de cabeza le ocasionaron a Salinas y a Colosio en los siguientes meses las actitudes de Camacho! Sin embargo, la candidatura de Luis Donaldo estaba asegurada, o al menos es lo que se creía.
Camacho alimentaba a la prensa con sus desplantes. Algo extraño sucedió en enero de 1994 cuando Salinas comenzó a mover las cartas: tras el surgimiento de los zapatistas en Chiapas, el presidente nombró a Camacho como comisionado de Paz en la zona de guerra atrayéndole popularidad y publicidad gratuita. La prensa comenzó a dudar de la verdadera autenticidad de “El Tapado”. “¿No será que al final pondrán a Camacho como candidato?” circulaba el rumor en todo México.
Fue tanta la confusión que Salinas tuvo que salir a mandar un mensaje claro el 27 de enero: “No se hagan bolas, el candidato es Colosio”. Sin embargo, el presidente solo hacía las cosas más difíciles, con una mano apoyaba a Colosio y con la otra levantaba la popularidad de Camacho. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué estaba pensando Salinas?
El 6 de marzo Colosio pronunció un discurso con motivo del aniversario de su partido. En dicho discurso rompió completamente con las políticas seguidas por su elector: Salinas aseguraba que México era un país de primer mundo; Colosio destruyó dicha verdad al responder: “Veo un México con hambre y sed de justicia”, asimismo prometió acabar con “la corrupción (¿De quién?, ¿a quién se refería?), la impunidad (¿Se refiere a alguien importante?) y el influyentismo (¿De su partido, de sus jefes?).”
Curiosamente, algunas fuentes señalan que dicho discurso fue supervisado por Salinas antes de que lo pronunciara el candidato. Si tenía la oportunidad, ¿por qué no cambió el contenido? ¿Sabía algo el presidente para ese momento?
Colosio continuó con su campaña presidencial no de manera tranquila. Sus enemigos se comenzaron a multiplicar alrededor suyo, pero él no lo notaba. Su paz interior se vería destruida pocos días después. Pero, por lo pronto, Camacho aún no se pronunciaba a favor de Luis Donaldo.
Todos los frentes fueron abiertos, “se desataron todo los infiernos”, el escenario estaba puesto y el protagonista era Colosio.
