El caballo de la inflación galopaba: En México, ninguna persona nacida a partir de 1970 conoció una cifra de la inflación general de los precios menor a 4.0% en la economía hasta que, en octubre de 2003, después de una intensa “lucha” orquestada mediante políticas monetarias para remediar el aumento desmesurado de dicha variable macroeconómica dirigidas por el Banco de México, las cifras reportadas de inflación anual correspondieron a un inusual 3.96%. Lo anterior no era casualidad: significó el comienzo del dominio de la inflación en México.
La historia sobre el desarrollo de la inflación en la economía mexicana no es una feliz, su desenlace, por el contrario, sí lo es. Durante un intervalo de veinte años (1973-1993) el indicador de los precios no disminuyó de los dos dígitos anuales e incluso la cuenta se extiende a veintiséis años si se omite el lapsus temporal entre 1993 y 1994 cuando, por fin, se vieron los primeros indicadores de un solo dígito anual. Sin embargo, la estabilidad no estaba destinada a cumplirse aún tan temprano en 1995, pues la crisis económica de origen mexicano retrasó de nuevo el control de la inflación por debajo del 10% anual hasta cinco años después, en el 2000. Dicho año bien puede interpretarse como el cambio de milenio y, al mismo tiempo, como el cambio de tendencia en el crecimiento de los precios en México: A partir de marzo del 2000 nunca más la inflación volvió a presentar un número de dos dígitos o, lo que es igual, no ha vuelto a estar cerca del 10%. Desde entonces ya han pasado diecisiete años y todo parece indicar que continuará por la senda controlada.
¿Cómo es posible que dos intervalos de tiempo (1973-1993) y (2000-2017), a pesar de abarcar ambos la misma cantidad de años, tengan un comportamiento tan inusual al momento de comparar las tendencias inflacionarias? ¿Qué ocurrió? Para explicar la década de la gran estabilidad del 2000 es necesario ir más atrás en el tiempo y comparar el desastre inflacionario de los 80 y el renacer del Banco de México en los 90. La clave está en el pasado.
Una forma sencilla de visualizar la gran diferencia entre periodos es visualmente. La gráfica 1 muestra cómo, durante febrero de 1989, se logró alcanzar la cifra de 179.73% de inflación generalizada. Eran tiempos difíciles en donde un crecimiento “galopante” de los precios era la regla. Durante la década de los setenta, el gobernante en turno era el presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976). Su gobierno marcó el final del desarrollo previo denominado “el milagro mexicano”, en el cuál se lograron tasas de crecimiento superiores al 5% del PIB sin presentarse casos de “inflación galopante”. (Del Cueto, 1959) Sin embargo, durante su gobierno se presentaron los primeros “shocks” económicos deliberados por la incertidumbre de parte de los propietarios de bonos gubernamentales en el país. Su comportamiento financiero fue desarrollado como respuesta al aumento desmesurado del gasto gubernamental del sexenio. (Krauze, 1997)

El déficit presupuestal de 1976 ascendía a 99 mil millones de pesos, más del 7% del PIB. La deuda pública, que en el sexenio anterior era de 4 mil 500 millones de dólares, alcanzaba ya los 20 mil millones y el déficit comercial sumaba 23 mil millones de pesos. (Flores Caballero, 2015). Como consecuencia de los desfalcos anteriores y la fuga de capitales el tipo de cambio, que para ese entonces era fijado por el gobierno, se volvió insostenible y fue necesaria una devaluación: de $12.5 a $22.77 pesos por dólar en 1976, lo que es un 82.16% de devaluación.
Dado que la política monetaria era controlada por el gobierno federal, i.e. Banxico no manejaba por sí mismo la oferta monetaria sino directamente el presidente de la República, los mecanismos macroeconómicos por los cuales la inflación realiza su dinámica no fueron efectivos y el crecimiento de los precios fue inevitable al encarecerse los productos importados, además de aumentarse durante el sexenio la oferta monetaria de manera discrecional y del shock externo de la crisis del petróleo orquestada por la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) en 1973. (BANXICO, 2009)
Durante el intervalo de tiempo entre 1970 y 1976 la inflación pasó de un 5.2% a un 27.7%. El gran despertar había ocurrido y ahora nada detendría los precios durante veinte largos años. (INEGI, 2017)
Sin embargo, durante el año de 1982 la inflación sufrió su mayor auge: los precios del petróleo de desplomaron debido a la sobreoferta mundial agudizando su caída no solamente durante 1982, sino el resto de la década de los 80. (Mouawad, 2008) Esto, para un país cuyo gobierno en turno centró su política en la explotación de los nuevos yacimientos petrolíferos, significo el fin de las finanzas públicas desmesuradas. Para finales del sexenio de José López Portillo (1976-1982) la deuda gubernamental superaba los 100 mil millones de dólares y, debido a que el país incrementó su riesgo, las fugas de capitales desplomaron el tipo de cambio (Flores Caballero, 2015), que se volvió insostenible dadas la doctrina monetaria de la época. El peso pasó de 26 unidades por dólar a principios de 1982 a 150 pesos por dólar en diciembre (BANXICO, 2017), el control gubernamental, sin embargo, continuó. La inflación de los precios, la medida que concierne aquí, no descansó de su despertar de la década anterior y continuó aumentando hasta alcanzar la cifra de 98.84% anual en diciembre del 82. (INEGI, 2017)
A partir de ese momento, la sociedad mexicana, en cada uno de sus estratos sociales, comenzó a sufrir un incremento generalizado de los precios ininterrumpido durante toda una década. La inflación no disminuyó debajo de la cifra de 50.0% anual hasta enero de 1989. (INEGI, 2017) Las repercusiones sociales fueron marcadas, sin embargo, más recordadas fueron las repercusiones en la clase empresarial: Tan solo en Monterrey, la industria del acero sufrió una de las mayores pérdidas de la historia cuando, el 9 de mayo de 1986, la Fundidora de Acero y Fierro de Mty. no fue capaz de mantener su deuda, declarándose en bancarrota para posteriormente cerrar. Esto ocurrió debido a que la inflación “galopante” (que para 1986 se encontraba en 76.44%) mantenía en un incremento constante la deuda de la fundidora pues ésta estaba declarada en dólares.
La escena anterior complementa los horrores que el pésimo manejo de la política monetaria puede llegar a provocar. Fue en enero de 1983 cuando la inflación de los precios por fin superó los tres dígitos, colocándose en 110.04%, su máximo llegaría en febrero de 1988, con 179.73% (INEGI, 2017). Asimismo, el Peso alcanzó, en diciembre de 1988, las $2,295 unidades por dólar (BANXICO, 2017). Todo tenía un límite y éste había llegado.
A partir de los 90, bajo el gobierno del presidente Salinas de Gortari, se comenzaron a realizar una serie de reformas para responder a las problemáticas macroeconómicas. En 1993 se restaron tres puntos decimales al valor de la moneda. La reforma más importante que concierne a la inflación fue la que provocó que, a partir de abril de 1994, el Banco de México se convirtiera en una institución autónoma del gobierno federal. (Flores Caballero, 2015) Por primera vez, desde su creación, los dictados del ejecutivo no influían en las decisiones de política monetaria del banco, dejado de lado posibles escenarios oportunistas y marcando una nueva etapa de reestructuración. Según el propio Banxico, la autonomía significó: “que ninguna autoridad pueda exigirle la concesión de crédito, con lo cual se garantiza el control ininterrumpido del instituto central sobre el monto del dinero en circulación.” (BANXICO, 2017)
Autónoma y bajo un solo objetivo detallado, sea éste el de “preservar el valor de la moneda nacional a lo largo del tiempo”, Banxico, tras desarrollarse la última gran devaluación de la moneda nacional en diciembre de 1994, tomó la decisión de liberar del control gubernamental el tipo de cambio de la moneda nacional, permitiendo un ajuste regido por las leyes de la oferta y la demanda de la misma.
Estas decisiones llevaron a que la inflación descendiera de los dos dígitos y, a partir de entonces, ésta se ha controlado para dejar de ser una constante amenaza “galopante” llegando a alcanzar niveles tan bajos como 2.13% en diciembre de 2015. La comparación entre décadas nos ilumina: Se pasó de promediar los dos dígitos de 14.70% de inflación entre 1970-80, 70.0% entre 1980-90, 20.51% entre 1990-00 a promediar un solo dígito: 4.625% entre el 2000 y 2017.
La estabilidad de los precios en la primera década del siglo XXI ha marcado las bases para un desarrollo eficiente e independiente de la política monetario de Banxico, superando su más grande reto durante la crisis de 2009 con éxito al no incrementarse, en ningún momento, más de 6.53% los precios.
Hoy, casi una década después, es posible reconocer a estos primeros años de desarrollo de dicha variable macroeconómica como la “Década de la Gran Estabilidad”: los pasos iniciales que se dan, como nación, hacia el olvido de aquel trauma que dejó lecciones agridulces, de cuando la inflación era un problema sin solución.
Bibliografía
BANXICO. (2009). Banco de México. Obtenido de http://www.banxico.org.mx
BANXICO. (2017). Banco de México. Obtenido de http://www.banxico.org.mx
BANXICO. (2017). Banco de México. Obtenido de http://www.banxico.org.mx
Del Cueto, H. H. (1959). Cuando el peso valía más que el dólar.
Flores Caballero, R. R. (2015). México: de la revolución social a la revolución neoliberal 1910-2014. Monterrey: UANL.
INEGI. (2017). INEGI. Obtenido de http://www.inegi.org.mx/sistemas/indiceprecios/Estructura.aspx
Krauze, E. (1997). La presidencia imperial .
Mouawad, J. (2008). The New York Times. Obtenido de http://www.nytimes.com/2008/03/03/business/worldbusiness/03cnd-oil.html?hp
