Un 27 de septiembre de 1821 Agustín de Iturbide entró triunfante a la Ciudad de México acompañado del Ejército Trigarante, creado por el pacto entre él y el insurgente Vicente Guerrero, poniendo fin a la lucha de independencia de los habitantes de la Nueva España.
El ejército marchaba con su novedosa bandera tricolor, solicitada por el general triunfador, de colores verde, blanco y rojo.
Su entrada fue pacífica y previamente acordada con el último gobernante peninsular de la Nueva España: Juan O’Donojú (quien no era Virrey pero esa es otra historia).
Esto fue posible gracias, no a los insurgentes cuya lucha estaba estancada en las montañas del sur de México, sino gracias a la alta sociedad novohispana que vio en peligro sus enormes privilegios tras volver a instaurarse en España una constitución de carácter liberal y haber obligado, en dicha península, a su Majestad el Rey Fernando VII a aceptarla.
La independencia de la Nueva España fue firmada bajo la idea de la creación de un IMPERIO MEXICANO bajo la corona de un monarca Borbón, comenzando en primer lugar por el Rey Fernando VII. Al ser rechazada la corona por los Borbón, Iturbide se proclamó emperador apoyado por un grupo específico.
Así se consumó la independencia de lo que sería después México y que comenzó como El Imperio Mexicano. No gracias a los insurgentes, sino a la alta sociedad de la Nueva España.
Nota: Un borrador de este texto fue escrito el 27 de septiembre de 2018.
